Existía la capilla de los Minerales de San Pedro, cuyo titulo fue dado por el Ilustrísimo, Señor Diego Fermín de Vergara
Ascárate, el 22 de febrero de 1737. Elevada a la categoría de parroquia el 16 de enero de 1758, por el entonces
gobernador de Antioquia, don José Barón de Chaves, en virtud de la ley del patronato a la sazón vigente. Dicha erección
fue confirmada por el Ilustrísimo señor Jerónimo Antonio Obregón y Mena, obispo de Popayán. Primer párroco: Pbro.
Lázaro Mariaca. Patrono: San Pedro Apóstol y titular el Señor de los Milagros.
Actual Párroco: P. Mario de Jesús Álvarez Gómez.Erigida vicaría parroquial, por decreto #370, del 15 de junio de 1955,
de Mons. Miguel Angel Builes. Creada parroquia por decreto #12 del 18 de noviembre de 1992 de Mons. Joaquín García
O. primer párroco: Ramiro Lopera. Patrono y titular: San Cayetano.
En la Basílica del Señor de los Milagros, se encuentra la réplica más perfecta que se ha conocido de la Pietá, una de las obras inmortales del escultor italiano Miguel Ángel Buonarroti, elaborada en un solo bloque de mármol y que fue donada por el padre Leonidas Lopera en 1949. Se comenzó a construir en 1874. En 1974 el santuario fue consagrado y en 1981 el Papa Juan Pablo II le otorgó en titulo de Basílica Mayor. La Plaza de la Localidad. Algunas casas conservan los rasgos de la arquitectura antioqueña. Personas muy devotas, tanto sanpedreños como turistas atraídos por la belleza del templo o por sus obras de arte religioso como la reliquia del Señor de los Milagros, y otros en busca de un milagro que ponga fin a sus dolencias mantienen a este municipio del norte antioqueño como un destino de peregrinación importante.
Sus pobladores son parte esencial de una fe ancestral que se mantiene de generación en generación en torno a la historia de un milagro en el que todos creen. Ese que según la historia ocurrió un día entre 1820 y 1830, cuando dos comerciantes de la época llegaron a vender sus productos a la pequeña población fundada por mineros y erigido municipio en 1813. La historia prosigue con un mayordomo al que le fue ofrecido un bello crucifijo de arte quiteño hecho en madera.
A pesar de la admiración que despertó en los pobladores que lo vieron, no tenían el dinero que los comerciantes pedían.
Cuando éstos se iban del pueblo, tuvieron que descargar porque el peso del crucifijo se hizo insoportable. Trataron de cargarlo de nuevo para seguir su camino y no pudieron, salvo cuando caminaban en dirección a San Pedro, momento en que el peso volvía a su normalidad. Los presentes, y también los comerciantes, entendieron que la imagen quería quedarse allí y negociaron un buen precio por ella. La imagen fue llevada a una pequeña choza que hacía las veces de improvisada iglesia. Y desde ese momento la reliquia se conoció como el Señor del Milagro.
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